Durante siglos, los marineros hablaban de sombras negras gigantes que "volaban" bajo la superficie del mar. El nombre "manta" viene del español y hace referencia a la capa con la que se cubrían los marineros, por la semejanza de su forma con la del animal.
Tanto las mantas como las rayas pertenecen a la misma familia de elasmobranquios —parientes de los tiburones—, pero existen diferencias clave entre ellas que vale la pena conocer.
Las mantas: elegancia pelágica
Las mantas son las más grandes del grupo. La manta gigante oceánica (Mobula birostris) puede alcanzar más de 7 metros de envergadura y es una especie pelágica: vive en mar abierto y realiza largas migraciones. La manta de arrecife (Mobula alfredi) es algo más pequeña y se encuentra en zonas costeras y arrecifes.
Una característica definitoria de las mantas son sus cefalópteros: dos "cuernos" en la cabeza que dirigen el agua y el plancton hacia su boca. Carecen de aguijón, lo que las hace completamente inofensivas para los humanos.
Las rayas: diversidad en el fondo
Las rayas son un grupo mucho más diverso, con más de 600 especies descritas. La mayoría son bentónicas: viven cerca del fondo marino, donde se camuflan en la arena. Muchas tienen aguijón en la cola como mecanismo de defensa.
¿Cómo diferenciarlas en el agua?
La distinción más práctica es el comportamiento: si "vuela" en la columna de agua con movimientos de alas, es una manta o una mobula. Si está posada o roza el fondo, probablemente sea una raya. El tamaño y la presencia de cefalópteros también son señales claras.
Escrito por Mireia Peris






